ejercicio experimental

Como “buen” mexicano, o mejor dicho, una característica del mexicano es quejarse por todo y no hacer nada por cambiarlo, que si los políticos roban dinero, que si los impuestos que se pagan no se ven reflados porque se los roban, que la educación en la escuelas es bastante mediocre, que si el gobierno de Calderón, Fox, Cedillo, Salinas, etcs., todos son los culpables de que los ciudadanos vivamos como vivimos.
Pero hace un par de días se me ocurrió hacer un ejercicio muy simple que igual lo pueden hacer, para ver si solo los que gobiernan hacen todo mal o si también nosotros como “buenos” ciudadanos “ejemplares” que somos contribuimos al círculo vicioso.

Yo decidí prestar atención en el aspecto vial tanto para quienes conducen como para los peatones, tomaré fotografias de lo que pueda y tomaré nota de las que no se me facilite tomar la foto y aquí las iré subiendo. El objetivo del ejercicio es ver que es más común el error o el acierto, finalmente será encaminado a la educación de la gente, si da el paso a un peatón, claro el peatón tiene su área designada para cruzar, o si hay puente que lo use y no pasen entre los coches porque luego sale el atropellado y la “culpa” es de quien iba al volante y no de la persona que no uso el puente por flojera de subir escalones, etc.

Procuraré fijarme en otras cuestiones que no sean meramnete viales, pero decidí ese campo puesto que es lo más fácil de captar.

$50, un momento de felicidad

Me acaba de suceder esto:
Estoy en mi oficina y hace unos 20 minutos entró una familia, el Papá, la Mamá, el hijo y la hija, me preguntaron si aquí era el casting para una película que salió en el periódico; le dije que no que era en la casa de a un lado.
Dieron media vuelta y se retiraron de mi diminuta oficina.
De rato regresaron, primero se asomó el niño, tendría unos 6-7 años, entró nuevamente a mi oficina directo a mi escritorio y detrás de el, el Papá guiñandome el ojo y dijo: “mira hijo aquí está la señorita que te va pagar por haber venido al casting de actor”, el niño se distrajo tomando el teléfono y el Padre aprovechó para poner sobre mi escritorio un billete de $50 pesos.
Asumí que mi labor era tomar el billete y dárselo al niño, eso hice… eso tuve que hacer.
El niño sonrió y dio media vuelta, el Papá agradeció mi complicidad obligada y se retiraron.

Jaja, qué tal eeh?