Detrás del hijo de Humberto Moreira

Por: Lydia Cacho – octubre 4 de 2012 – 22:52 Cacho en Sinembargo, COLUMNAS
@lydiacachosi

No estoy dispuesta ni lo estaré nunca a celebrar el asesinado de nadie. Lo que estoy es convencida de que quienes cometen delitos deben pagar por ellos de acuerdo a las reglas jurídicas establecidas para quien incurre en conductas antisociales. Que desde los asesinos hasta quienes comete peculado deben pagar, como bien lo exige la ley, con la privación de la libertad y las multas correspondientes. Lo mismo aplica para quienes utilizando el poder que les confiere un puesto público, debilitan a las instituciones con el tráfico de influencias, llevan a cabo negocios sucios, ejercen nepotismo, lavan dinero, o robustecen sus fortunas personales dejando en quiebra a sus ayuntamientos y estados, traicionando a la sociedad entera. El mismo rasero para toda la sociedad. Dicho lo anterior debo confesar que a mi, como a millones de personas, las declaraciones que Humberto Moreira hizo hoy me dejaron pasmada. Y sí, seré políticamente incorrecta, pero debo decir lo que muchos piensan y callan por pudor. En medio de su auténtico dolor por la trágica muerte de su hijo, Moreira es el mismo cínico de siempre. Declaró “Mi hijo es un muerto más de esta guerra, unos desgraciados le dieron dos balazos en la cabeza”. Cuando el ex gobernador que dejó a Coahuila en un estado financiero calamitoso, por no hablar de la impunidad y violencia rampante, dijo estas palabras y acto seguido aprovechó para asegurar que se le había calumniado, pero que esto sí, no lo va a perdonar. Y debo decir que si su hijo fuera un muerto más de esta guerra, él estaría como el resto de los padres y madres, haciendo fila, lleno de ansiedad y angustia, para que la procuraduría estatal recogiera su caso antes de los otros dos mil pendientes. Si su hijo fuera otro más no hubiera sido contratado por su tío como coordinador regional de la Sedesol estatal. Si su hijo fuera una víctima más de esta guerra, seis horas después de su asesinato no habrían 23 funcionarios públicos federales coordinándose para llevar a cabo una estrategia de seguridad. Si el padre del joven asesinado fuese un hombre común, sin poder político (con averiguaciones previas abiertas y acusaciones sobre corrupción y otros probables delitos), las autoridades federales no solamente le hubiesen negado la ayuda, sino hubiesen dicho, como dicen de miles de jóvenes pobres y desconocidos que han sido ultimados en pueblos del norte del país, que seguro andaba en malos pasos, o de plano García Luna y Cárdenas Palomino lo habrían tachado como un narco más en su larga lista de muertos acusados falsamente. Si el hijo de Moreira fuese uno más de esos miles de asesinados de esta guerra, Poiré, el mismísimo secretario de Gobernación, no le hubiera tomado la llamada al padre. Tampoco hubiese sucedido lo que sucedió: horas después de su muerte se conformó un grupo de trabajo con autoridades estatales y federales que se comprometieron a esclarecer los hechos a la brevedad posible, y castigar a los responsables. Si fueran víctimas normales, como nos asegura Moreira, no se habrían reunido en menos de seis horas Victoria Pacheco, la subprocuradora de Control Regional de la PGR, con el General Luis Arturo Oliversen, Jefe del Estado Mayor Presidencial de la Sedena y el Almirante José Santiago Valdés, Jefe del Estado Mayor General de la Armada de México. Y como no es un joven común, sino el hijo de una privilegiada clase política, también llegaron a esa pronta reunión el director general del Cisen Jaime Domingo López (responsable de la Seguridad Nacional), el Comisario de SSPF, Luis Cárdenas Palomino, y el comandante de la novena región militar, el General Noé Sandoval. Todas las familias de jóvenes desaparecidos, asesinados y asesinadas en México saben que las personas comunes van al Ministerio Público, pero antes rezan para que las autoridades y algunos medios coludidos con ellas no publiquen algún mensaje difamatorio que mande a su familiar asesinado al cajón de los “culpables a priori” en los que la autoridad no desperdicia ni diez minutos porque descarta su derecho como víctima y le somete al juicio sumario post-mortem sin derecho a réplica. Las y los reporteros de este país hemos escuchado demasiadas historias de familias desgarradas por el asesinato impune de sus hijos como para guardar silencio ahora. Porque sin escatimar el dolor de la pérdida que sufre la familia Moreira y la joven viuda, debo decir que este inmenso y desproporcionado despliegue de los personajes más importantes de la seguridad nacional en tan pocas horas, advierte el futuro que hemos de enfrentar. Todo parece indicar que los favores que el presidente Calderón desde ya hace al PRI no tienen límites, y nos recuerda justamente la razón por la que el país se cae a pedazos en lo concerniente a derechos humanos e impartición de justicia. Porque las madres y los padres de las cientos de jóvenes asesinadas en Chihuahua siguen suplicado después de diez años, que la autoridad reúna lo que se reunió hoy por la familia Moreira: los elementos técnicos, científicos y humanos de mayor calidad para detener a los culpables de inmediato. Lo mismo las miles de familias que han seguido su viacrucis justiciero con Sicilia. Esto nos lleva a preguntarnos, si las autoridades tienen esa capacidad de respuesta y prometen esos resultados ¿por qué no funciona con todas las familias? Ya sé que me dirán que porque este es un país de  gobernantes corruptos y abusivos y la justicia es para quien puede pagarla. Pero esa no es la respuesta que busco, es simplemente un diagnóstico añejo y certero de las circunstancias; la pregunta es válida, porque si efectivamente es posible trabajar en equipo, juntar a los mejores elementos, llevar a cabo una análisis criminológico de alto nivel y dar con los culpables de quienes en medio de un camino rural balearon a un joven ¿por qué no replicar esa estrategia y sacar al país del marasmo de muerte e impunidad? ¿Por qué incluso en asesinatos de otros políticos no se dio este nivel de respuesta? He visto a demasiadas familias, ricas, pobres y clasemedieras honestas sentadas en procuradurías y juzgados, llorando, restregándose las manos de ansiedad y angustia, suplicando que la policía vaya a donde asesinaron a su hijo o hija. A padres que me narran llorando cómo llegó antes el Ejército al lugar de los hechos y de inmediato dijeron que dos balazos en la cabeza son símbolo de ejecución y  que “muy  probablemente” la víctima estaba metida en malos pasos. No importa cuan corrupto sea un político, los hijos no merecen pagar por los delitos de sus padres. José Eduardo no es la excepción. Se equivocan quienes celebran su muerte como castigo a sus familiares, este país lo que necesita es justicia, no venganzas ni odio. Pero también necesita equidad jurídica. Moreira debería, como todo padre mexicano, esperar respetuosamente detrás del otro padre coahuilense a cuyo hijo asesinaron hace seis meses y a quien el procurador aun no recibe. Entonces si creeríamos que su hijo es otra víctima más de esta guerra. Y debería preguntarse ¿qué condiciones dejó él en el estado para que otros padres sufrieran lo que él experimenta hoy?

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Capital Social en la Laguna

Fue el análisis de los agudos contrastes entre la prosperidad de las  regiones del centro-norte y el rezago de las del sur de Italia, lo que  condujo a los sociólogos de dicho país, a finales de los años setenta, a  formular diversas tesis para explicar el fenómeno y recomendar  políticas públicas que incentivaran el desarrollo de los rezagados. Es como sí en México analizáramos científicamente “el por qué” de los contrastes entre Monterrey y Torreón. Entre las teorías expuestas destacó la formulada por Robert Putnam,  quien sostuvo que el “explanandum” se encuentra en el capital social,  conformado por el grado de confianza y cohesión existentes entre los  actores sociales de una comunidad, las normas de comportamiento cívico  practicadas y el grado de “asociacionismo”. Es decir, las desigualdades  entre la Italia septentrional y la meridional se explican por la  existencia, en la primera, de altos niveles de compromiso cívico y de  propensión de los ciudadanos a asociarse para trabajar en pro de las  causas públicas. Fuluyama comparte la teoría de que esos factores son  más determinantes para el desempeño económico de una región, que los  económicos propiamente dichos. La importancia del capital social en el desarrollo económico se ha  comprobado empíricamente en varias regiones y por muchos investigadores.  Y lo más interesante del asunto es que en algunas regiones, incluida la  del sur de Italia, se han puesto en marcha procesos de movilización del  capital social a través de diversas modalidades de concertación entre  “gobierno y sociedad” con resultados ampliamente satisfactorios. Y digo que lo último mencionado es lo más interesante del asunto porque  las experiencias positivas en relación a una formación de capital  social, favorecida por los gobiernos locales con acciones de gobernanza,  pueden repetirse en La Laguna, donde necesitamos urgentemente de una  ciudadanía activa, imbuida de preocupación por lo público, por  relaciones publicas igualitarias y por un tejido social basado en la  confianza y la cooperación. Estoy seguro que gran parte de los factores que explican las diferencias  entre el desarrollo económico de Monterrey y Torreón no son económicos,  son sociales. Sí en La Laguna queremos progresar debemos empezar por asociarnos,  unirnos, organizarnos, y terminar con una vida social fragmentada y con  la cultura de la desconfianza.
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Yo tengo una diferencia en cuanto a esta frase “Estoy seguro que gran parte de los factores que explican las diferencias  entre el desarrollo económico de Monterrey y Torreón no son económicos,  son sociales.” Pienso que sí es un factor pero  en menor proporción, el principal factor sí es el económico puesto que  es bien sabido que los recursos que se generan en La Laguna de Torreón no se regresan en inversión o infraestructura en la misma proporción, todo se queda principalmente en Saltillo.
Es por eso que siempre ha existido la idea o debate de hacer el Estado  Laguna, yo como miles de laguneros apoyamos esa idea porque sería  benéfico en gran escala para todos los que vivimos aquí, pero Durango  Capital y Saltillo jamás lo permitirán porque somos quienes más dinero  generamos y de hacerlo se quedarían sin buena parte del pastel.

Partidos Políticos

Desde hace un buen tiempo he pensado sobre el asunto de los partídos políticos y las enormes cantidades de dinero que se emplean para sus campañas prevías a las elecciones, millones y millones de pesos, que finlamente quienes obtienen más recursos siempre son el PRI y el PAN casi por igual, posteriormente el PRD, los que reciben menos cantidad son los partiditos que no deberian de existir como El PT, el Verde Ecologista, Convergencia, Nueva Alianza, siempre pierden, no veo para que desperdiciar ese dinero en ellos, ni en los 3 principales de hecho.

Aunque en México «votar y ser votado», es un derecho constitucional, pienso que no debería de ser así, porque cualquiera puede serlo, aunque no tenga conocimientos, la experiencia, la preparación, por ejemplo «Juanito», por favor! Una mini biografía de el: es Ex actor de ficheras, ex desnudista, ex luchador, madreador profesional, comerciante ambulante: ese es «Juanito». Fue elegido por Andrés Manuel López Obrador, en el 2009. Ahora, como muchos está en las filas del PRI.
Creo que lo conveniente sería que desaparecieran los partidos como tal, todos, que fueran simplmente militantes de izquierda o derecha y punto, algo similar a U.S.A. con sus Republicanos y Demócratas. De qué sirve tener tanta «opción» de partidos, si siempe ganan «los mismos», o se cambian de un partido a otro como cambiar de canal en la televisión  o hacen sus «alianzas» inútiles para todos excepto para quienes las conforman, finalmente el objetivo real de esa estrategia es «hacer bola para estorbarle al que va ganando y mientras nos embolsamos una lana», es decir, para fines partidistas y no para la población en general.
Mejor tener solo 2 opciones para elegir, mientras más opción se le de al cliente, en este caso al votante, más confuso le resulará y termina por tomar una mala decisión o peor aún, mostrarse apático y olvidar el tema.

Moreira me recuerda a…

No sé por qué, ni tengo nada en contra… pero cada vez que veo al ahora ExGober de Coahuila, Humberto Moreira, siempre viene a mi mente la imagen de un Tiranosaurio Rex, jajaja. Físicamente mi rara mente le encuentra un parecido. Sobre todo en la forma de los ojos jaja.
Fin del comentario.